Los filósofos a través de los siglos han tratado de fundamentar, en menor o mayor medida, su quehacer. Este fenómeno se acrecentó con la llegada del capitalismo, que colocó la generación de capital y el intercambio de mercancías como una de las cosas más importantes, dejando de lado otro tipo de actividades que no son entendidas como productivas. Así, algo que en la Antigua Grecia se entendía como un ejercicio básico, común para todos, pasó a ser ejercicio de pocos y visto como una excepción a la regla, teniendo los pensadores modernos que justificar cada vez más y más la filosofía.
Antes, Aristóteles, podía soltar la “sabia”
máxima de que la Filosofía no servía para nada, pues era un fin en sí misma y
sobre esto pensadores posteriores volcarían todas sus letras, idolatrando esa
sentencia simple, felicitando a Aristóteles por tener en tan alta estima a la
ciencia de las ciencias. Ahora, por mucho que se nos infle el pecho y lo espantajopista (entendido como snob – véase el artículo de Comufascio
al respecto) esto se ve insuficiente. Decirlo sí, te puede ayudar a conseguir
un culito, seas hombre o mujer, pero quedará siempre en el aire la sensación de
que algo faltó, de que le das un rodeo a la respuesta, o que quieres adornar el
hecho de no servir para nada. Esto deja como resultado que te toque
justificarla teniendo en cuenta el contexto social en el que estás y aquí
aparecerán otras funciones o justificaciones. Horkheimer (2003) dirá que la
función de la Filosofía es “criticar lo establecido” (siguiendo a Marx); Berlin
(1992) dirá que la meta de la filosofía es “ayudar a los hombres a comprenderse
a sí mismos y, de tal modo, actuar a plena luz, en vez de salvajemente en la
oscuridad” (p. 42); Marx, siguiendo mi paupérrima lectura de algunos de sus
escritos, la verá como crítica-práctica para cambiar la sociedad, aunque todo
parece indicar que antes que a la filosofía se vuelca más a la economía
(sobre esto puede dirigirse a sitios especializados para contrastar lo aquí
dicho, que nunca tendrá un carácter verdaderamente académico) y, por último,
lecturas más recientes de Correa (2001) la entenderán como una especie de
defensa de los Derechos Humanos, como la búsqueda de la «repotilización» de la
sociedad.
Todo esto está bien, realmente
no creemos que sean malas respuestas, pues en el plano de la Filosofía siempre
hay discusión sobre este tipo de cosas, las cuales lejos de ser juzgadas por
verdaderas o falsas, deberían ser juzgadas por interesantes o no (y nuestra
visión es mucho más interesante). Pues bien, como se promete en el título de
este escrito, se pretende dar una respuesta a la pregunta por la función de la
filosofía y eso se hará, pero antes, toca explicar un poco sobre nuestro
movimiento y su motivación.
El Anarco-Espantajopismo como
movimiento sarcásticamente político, cultural e intelectual busca –eso creo yo-
el desligazón entre la filosofía y la academia con sus debates tediosos y
llenos de egos. Lo que nos movió en un principio fue nuestra camaradería, el
entender que en todo lo que hacíamos dentro del salón de clases había algo que
no cuadraba, un sinsabor tremendo y un sinsentido fenomenal. Salir del salón
era visto, en parte, como el verdadero ejercicio filosófico. Hablar del miedo a
leer la Lolita por caer en pedofilia, de amor, de series virginales o del
último sistema absurdo en el que podíamos ser el culo de «Dios». Todo esto,
sumado a incidentes en donde cualquier tema hablado era “PROBLEMATIZADO” por
otras personas, nos llevó a excluir al resto… O más bien a excluirnos, porque
como «filósofos» nos quedábamos en la mitad. Incompletos.
Pese a todo esto, no hay una
verdadera negación de la Filosofía. Muchos de nosotros la seguimos disfrutando,
pero la lejanía entre el «nosotros» y
el «ellos» se acrecentaba, por lo que
decidimos que era momento de hacerlo. Primero sólo éramos “espantajopismo”
intelectual, como una manera de denominarnos como aquello que más nos
molestaba, luego, apareció la partícula “anarco”, más como una cuestión añadida
por sonoridad que por significado, la cual yo, posteriormente, trataría de
darle un sentido propio: anarco-espantajopismo es entendernos como aquello que se auto-rechaza. Es el rechazo a ser lo
que somos, a la forma del filósofo, el rechazo a la academia y a la seriedad.
Es entendernos desde la cheveridad intelectual, desde el sarcasmo y el insulto a
nuestra razón como una institución valida. ¿Pero entonces, para qué sirve la filosofía
desde este campo? Pues sencillo… La filosofía desde el anarco-espantajopismo
funciona como divertimento intelectual. Fin. No hay nada más allá de eso, la
filosofía es un juego, la comedia por la vida, la instrumentalización de la
inteligencia en aras de no conseguir nada. No hay un fenómeno de crecimiento
inherente, ni de virtud, es sólo un juego. Un juego perverso contra uno mismo,
en el que todos estamos conectados, pero que algunos juegan mejor que otros. La
Filosofía anarco-espantajopista es la filosofía del pasillo, de la cerveza y
las drogas suaves o duras, la del pensamiento esquizofrénico, la que combina la
ficción con la realidad, el chiste con lo serio, la academia con el amor, la
que puede estar de espaldas a la realidad o verla, pero con miopía, ignorando
lo definido como «verdaderamente problemático» para fijarnos en lo
pornográfico. La filosofía anarco-espantajopista mira demasiado de cerca, al
punto que da asco.
Ahora, en principio habíamos
criticado este tipo de respuestas, que pueden ser fácilmente vistas como
espantajopistas (a secas), sin embargo, creo que su defensa es más simple. La
filosofía, como antes era vista, ha muerto. Para mí es innegable. Por más
palabras que me digan los profesores, por más textos que me presenten, la
filosofía murió. Murió con la sociedad industrial y tecnológica. Cuando el
capital y el progreso material pasaron a formar el eje central de nuestra composición,
todo aquello que no funcionara en pro al sistema podía ser desechado y eso
mismo pasó con la filosofía. Y sí, es posible ir contracorriente, ser el
marginal, el hípster que aún la práctica, pero toda justificación que la quiera
hacer funcionar como algo más allá de lo que es se queda corta frente al
sistema actual. Sistema que, como dijo el loco de Kaczynski (1995) es
incompatible con nuestra libertad y, por lo tanto, con la idea clásica de
filosofía. De este modo, la filosofía no es tan distinta a Fortnite o a cualquier
serie o video. Es un divertimento, un ocio. Ahora, que lo queramos ver como el
mayor ocio, eso depende de cada quien. Para mí, desde la visión
anarco-espantajopista, la filosofía no es ciencia de ciencias, es, simplemente,
el divertimento más entretenido que he encontrado en mi vida, un simple medio
para la diversión del más apto.
- Aendreonel
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Bibliografía (referenciados y no referenciados):
- Berlin, I. (1992) - Conceptos y Categorías. Madrid. Fondo de Cultura Económica.
- Horkheimer, M. (2003) - Teoría crítica. Madrid. Amorrortu Editores.
- Correa López, B. (2001). Filosofía y barbarie. Ideas y Valores, 50(117), 97-106. Recuperado a partir de https://revistas.unal.edu.co/index.php/idval/article/view/1636
- Kaczynski, T. (1995). La sociedad industrial y su futuro. Recuperado a partir de https://essentialinstitute.org/uploads/2_i_3_Theodore_Kaczynski_Manifiesto_de_Unabomber.pdf
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