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jueves, 6 de mayo de 2021

Indiferencia

Ayer en horas de la noche colocaba en Twitter el siguiente mensaje:


Y no puede ser más cierto aquello que dije ayer y sigo deseando hoy. La rabia se ha mantenido en mi pecho ya desde hace cuatro días y seguramente siga ahí por más, pues la carnicería abierta en las calles no tiene pinta de parar por ahora. En videos, que en otro momento de mi vida no me hubiesen causado nada, veo como policías, sin el menor atisbo de clemencia, asesinan a sangre fría a manifestantes y no manifestantes. Funcionan como fiscales, jueces y verdugos. Juzgan en el acto, deciden quién vive y quién muere. Como decía, en otro momento de mi vida esos vídeos no me hubiesen causado mucho, simplemente serían uno más en la lista interminable de muertes que vemos en redes, mas en esta ocasión ha sido distinto. Por alguna razón (que todavía no logro deducir) las muertes las siento mías, como si aquel de suéter azul que bailaba y cantaba fuera un familiar o amigo cercano, como si ese otro que caminaba solo y cayó al piso de un corrientazo fuera un hijo que aún no tengo. La indignación es tal que ayer, luego de años sin derramar una lágrima, mis ojos antes de dormir se humedecieron. Una empatía que nunca había tenido apareció.

     Mientras tanto, las calles están llenas de sangre, las personas siguen saliendo a protestar contra los abusos, y las noches se han vuelto una película de terror, en la que el miedo quema todo y muchas veces es color verde aguacate. -"¿Cómo soportan tanto?"- Me pregunto, pues yo después de unos cuantos días me siento decaer, sin fuerzas para salir otras vez, sin esperanza de un cambio verdadero. Comienzo a pensar que simplemente es nuestro destino ser como somos: una tierra llena de muertos, de plomo, de trampa. Una tierra en la que nos matamos los unos a los otros y donde el suelo es fértil para la corrupción del alma. Donde todo se repite en un ciclo sin fin desde la Independencia. Me rindo, me rindo, cada noche me rindo de todo y una parte de mí me invita a volver al status quo, a la indiferencia, a ver los rostros anquilosados de mujeres en Instagram, sin embargo, al poco tiempo la rabia vuelve. Me agarra del cuello y me amenaza, me dice que no es momento de pensar en amores, en juegos, estudio o masturbación... Me dice que mire la realidad día tras día, noche tras noche y me recrimina cuando me rio, porque derecho a eso no hay, sólo al llanto. "Mira los muertos, Aendreonel, míralos, no mirarlos es ser indiferente."

     ¿Y cambiará algo? ¿Realmente todos estos muertos y todas esas movilizaciones cambiarán algo? Mi cabeza se inclina al no, pero el corazón me grita sí. Ante la dicotomía prefiero no pensar en ello. Mejor no imaginar el porvenir, mejor quedarme en el aquí y el ahora, y salir, salir a la calle con la esperanza de que al menos hoy, con este sol de Cartagena que maltrata y marca mis manillas en la piel, hice algo: no ser indiferente, diluirme en la masa de gente que grita insultos a un Presidente indolente. A un cara de mondá completo.

- AEndreonel

Pdta: esa arenga que dice "La sangre que derramaste volverá" es la síntesis de un sentimiento casi hegemónico. "Casi" porque probablemente hay 10 millones más de indolentes ahí afuera.

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