Corría el año 2019, lejos estaba la pandemia y la virtualidad que les tiene fregada la espalda, los ojos, la vida. Los jóvenes anarco-espantajopistas no se sabían como tal y todos los días llegaban a un salón recóndito, caluroso, rodeado de personas que harían algo por su vida a diferencia de ellos. Siempre, a las 2 de la tarde, llegaban uno tras otro, primero Comufascio, que sostenía en su mano un libro de medicina de la mamá, luego llegaba AEndreonel, uniformado de azul, a veces Leopoldo, otras veces Bighug, siempre Lizzeiu, aunque no saludaba a nadie y pasaba con una prisa que no permitía verle la cara. Todos llegaban, se reunían unos minutos afuera del salón a comunicarse sus tristezas y luego, cuando aparecía Vlacho o Pirra, se movilizaban a la espera de la sabiduría.
La clase comenzaba y el tiempo pasaba lento, las palabras del profesor salían de su boca y chocaban con las paredes de un salón prácticamente vacío y así se hacían las dos y media, las tres, las tres y media y aparecía Memento mori. -"Disculpe, profesor"- decía Memento, mientras que con sus gajos se sentaba en una silla al lado de Comufascio. Los profesores, a veces, le recriminaban la hora de llegada y Memento poco decía. Llegado un viernes de ese fatídico 2019, el populacho se disponía a escuchar una de las clases enriquecedoras de Fellini. Posiblemente ese día hablarían del párrafo uno o dos de la Crítica al Juicio de Kant. Se hicieron las tres y media y como Memento no había aparecido todos supusieron que no llegaría, sin embargo y, para sorpresa de todos, a las cuatro de la tarde, con sus gajos y cojones bien puestos Memento entró al salón. Soltó su ya clásico para ese entonces: "Disculpe, profesor" y Fellini, conocido por sus rabietas, no aguantó. Indignado y gesticulando como sólo él sabía, soltó una verborrea impresionante sobre horarios, responsabilidad, respeto y Memento, impávido, únicamente dijo:
- Profesor, lo que sucede es que yo tengo problemas para dormir, sufro de depresión. Fellini, al escuchar esto, se calmó y ya en un tono un poco más conciliatorio le dijo a Memento: Mira, ve a mi oficina después de clases y allá hablamos.
Todos quedaron a la expectativa de lo que pasaría una vez finalizada la clase. Apenas se hicieron las 5 Fellini salió y Memento lo acompañó. El salón reunido, menos Lizzeiu, esperó, esperó y siguió esperando, hasta que aproximadamente una hora después Memento se mostró. Acosados por la necesidad de saber qué había pasado allá iniciaron las preguntas, el interrogante policial que Memento haciendo un esfuerzo sobrehumano respondió a medias.
Pasados varios días... No volvió, Memento se fue. Nunca supieron qué le dijo Fellini en esa oficina con pósteres de películas, nunca supieron si Memento solucionó su depresión, si logró dormir o, en una de sus noches de insomnio, se tomó un montón de pastillas y nunca despertó.
Memento pudo ser anarco-espantajopista, un fundador. Memento pudo estar aquí, escribiendo o leyendo, acompañándonos en nuestra lucha contra el aburrimiento, sin embargo, Fellini se lo llevó. Adiós, Memento mori, adiós. Nos encontraremos allá donde siempre es de día.
- AEndreonel
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