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domingo, 16 de mayo de 2021

La revolución inicia en el cuarto propio

 El Paro Nacional del 2021 con todos sus reclamos, ha sacado en los jóvenes y algunos adultos (que tal vez ya poseían este gen) el ánimo revolucionario. Una revolución que se ve en las calles, en un sentimiento patriótico y en la necesidad de cambio, cambio que, a su vez, parece alcanzable por las vías de hecho: se bloquean calles y se pintan, se atenta contra la policía, la infraestructura de bienes públicos y privados y se hacen manifestaciones multitudinarias. Todo esto es necesario en el movimiento de la historia. Los derechos se consiguen, según cuenta ésta, a través de luchas sociales, en muchos casos violentas, esperando que con las mismas se logre cambiar el Gobierno, las leyes injustas, acabar con la corrupción, conseguir reformas necesarias, etc.

     Este afán de cambio, cuya teleología parece estar en la renuncia del presidente de turno, más que en otras razones, tiende ignorar algo que me parece fundamental: el cambio propio. Si bien el pueblo colombiano parece ya cansado de las mismas personas en el poder, también es cierto que mucho de él sigue enfermo. Ya lo decía en otro escrito: Colombia es tierra fértil para la corrupción del alma. Aquí sigue reinando en las calles la antipatía, el afán de salir adelante por la vía fácil, la «malicia indígena» y el irrespeto de los unos a los otros, ni hablar de la falta de tolerancia de algunos grupos (véase en Cali cómo civiles armados salieron a dar bala). La honestidad es vista como estupidez y confiar en el otro un acto de mera ingenuidad. Así, no podemos con este Paro apuntar a cambiar simplemente un Gobierno que, en todo caso, le queda sólo un año, hay que cambiarnos a nosotros mismos como colombianos. Iniciar la revolución en nuestro propio cuarto.

     ¿A qué me refiero con esto? Cuando salimos a las calles exigiendo un cambio, lo hacemos en la esfera de responsabilidad más grande de todas. Queremos cambiar el país (o al Estado, para ser más exactos) y esto, como tarea titánica que es, se logra (o intenta) a través de la unión de varias personas, de la unidad del constituyente primario que es elemento integrante de eso que queremos cambiar, empero, mi invitación está en retroceder un poco, o bueno, bastante, a la base de nuestra esfera de responsabilidad: nosotros mismos, el Yo, y partiendo de ese Yo, ir avanzando en esferas de responsabilidad más amplías, cambiando nuestro comportamiento y percepción en cada una de ellas hasta llegar a la idea de ciudadanía. Es un ejercicio de autoconocimiento, de autocrítica y crítica general a las costumbres, a la lógica común que nos maneja como colombianos. ¿Acaso no hay algo de hipocresía en querer cambiar al Gobierno corrupto, cuando nos parece una maravilla adelantarnos en una fila, tomar aquello que no es nuestro, hacer trampa en un examen o en un trabajo de la Universidad? A mí me parece que sí. Avanzar como país implica también que avancemos como ciudadanos. Recuerden "cada pueblo tiene al Gobierno que se merece." Y tal vez nosotros, si no miramos en nuestro interior primero, tengamos de gobierno a eso que es nuestro fiel reflejo.


- AEndreonel 



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